La LES y las Descargas: Protege a las grandes casas y a las grandes estrellas a costa de los usuarios y los artistas menores

por Luis Garicano on 19/03/2010

 La LES se ha aprobado hoy en Consejo de Ministros; aunque su objetivo es avanzar en el cambio de modelo de crecimiento, incluye un nuevo y agresivo tratamiento de las descargas. Como os prometí ayer, os presento un anticipo del eBook sobre la Ley de Economía Sostenible que presentaremos el viernes 26 Manuel Bagües, Jesús Fernández-Villaverde y yo, empezando por este tema. Lo que sigue es un extracto del excelente y mesurado artículo de Michele Boldrin y Pablo Vázquez sobre las disposiciones referidas a las descargas. Argumentan que la protección de derechos de autor y los procedimientos contenidos en la LES favorecerán a las grandes casas discográficas y a las grandes estrellas a costa de los usuarios y de los artistas menores. 

La LES y las Descargas 

Michele Boldrin y Pablo Vázquez

 La disposición final primera de la Ley de Economía Sostenible establece – mediante la modificación de una serie de leyes ya existentes – la posibilidad de interrumpir la prestación de un “servicio de la sociedad de la información” (sin eufemismos, la desconexión de Internet) o de retirar contenidos que vulneren la propiedad intelectual (es decir, el copyright).  La disposición establece además el procedimiento para hacerlo: una Comisión del Ministerio de Cultura  (formada por representantes de los “creadores” y de los consumidores) acordará si hay o no infracción de propiedad intelectual, decidirá si se debe cerrar o no la página y ejecutará el cierre.

 Con estas medidas se pretende eliminar o al menos reducir significativamente el intercambio de música, películas y libros a través de Internet, reforzando los derechos de exclusiva (monopolio decimos los economistas) que el copyright establece sobre esos productos. Se trata incluso de impedir que personas o empresas que hayan legalmente adquirido estos productos y lo hayan pasado a formato digital, posiblemente modificándolos o generando nuevos productos, puedan utilizar Internet para compartirlos con otras personas interesadas.  

 Sobre este precepto, como economistas, nos gustaría destacar dos aspectos. El primero es sencillo: no existe una justificación económica que ligue el nuevo modelo de crecimiento con estas limitaciones en el uso de la red, se consideren o no acertadas. España ocupa un lugar bastante discreto en cuanto a uso de Internet: 11 millones de usuarios, un índice de penetración de Internet del 56%, y puesto número 15 en cuanto a uso de esta tecnología por detrás de Italia y Austria (Informe Universal McCann, 2008). La amenaza de perder la conexión a Internet por bajarte películas o música en un país en el que el 65% de los usuarios accede a Internet por temas relacionados con el ocio (Fundación BBVA, 2008), probablemente no sea la mejor manera de fomentar el uso de esta herramienta esencial en el “nuevo modelo”. Merece la pena detenerse un comento en este argumento.  

 Alfabetizar una generación

 En los próximos años, el uso los ordenadores en la inmensa mayoría de actividades productivas se ampliará y generalizará. Se trata, creemos, de una aspiración deseable dado que es legitimo establecer una relación directa entre adopción de ordenadores y crecimiento de la productividad del trabajo. El propio Gobierno parece compartir este convencimiento, pues ha hecho del programa Escuela 2.0 -dirigido a proporcionar ordenadores a 400.000 estudiantes entre 10 y 13 años- el eje de su proyecto educativo en esta legislatura. Adicionalmente, el desarrollo de la sociedad del conocimiento nos ha enseñado que los ordenadores productivos son los ordenadores en red, los que pueden trabajar y conectarse con otros ordenadores. Desde las compras a los deberes escolares, pasando por la generación de proyectos y las redes sociales y laborales, parece claro que la transmisión y producción del conocimiento se hará cada vez más en red. Podemos pensar que un país productivo será un país donde sus ciudadanos y sus trabajadores “viven y trabajan en la red”: usan con familiaridad los ordenadores y sus, cada día mas sofisticadas, aplicaciones. Sin embargo, el ordenador es una máquina atractiva, pero no necesariamente intuitiva y en todo caso bastante más compleja que un tornillo: hay que familiarizarse con él y aprender a utilizarlo desde jóvenes para disfrutar de sus potencialidades en la edad laboral.  

 Los beneficios que se pueden generar para la sociedad de contar con una generación que tenga destreza en el uso de los ordenadores son, literalmente, enormes. La “alfabetización digital”  de la siguiente generación es, en este sentido, un cometido indispensable: que no sean sólo usuarios, sino que entiendan la lógica de estas máquinas para poder sacarles todo su partido. Creo que todos coincidimos en que si consiguiéramos esa destreza en la inmensa mayoría de los jóvenes entre 12 y 15 años, les habríamos aportado una herramienta muy eficaz para su futuro (sobre todo en un país con una tasa de paro juvenil superior al 40%). 

 Pues bien, generar habilidades en el manejo de Internet casa mal con limitaciones y prohibiciones de su uso. Que los jóvenes más inquietos se hagan maestros de la red choca frontalmente con la nueva reglamentación de la LES.  Un ejemplo: de acuerdo a las nuevas disposiciones, va a ser suficiente con tener un anuncio (por ejemplo, de Google) en la web para que te la puedan considerar como una web con afán de lucro y por tanto ser clausurada en el caso de que tengas contenido que no esté debidamente en regla con las autoridades de la propiedad intelectual. ¿Es esta una forma inteligente de promover que los jóvenes internautas abran nuevas páginas?  Ganaría tanto nuestro país con disponer de una generación que se maneje sin problemas con la red que se podría compensar a todos los artistas, cantantes y actores españoles varias veces por las eventuales pérdidas que este régimen de libertad les generara. De hecho, como analizamos unos párrafos más adelante, no es obvio que estos sectores vayan a perder a causa de la descarga y del intercambio de ficheros digitales entre usuarios de Internet. Lo único que, probablemente, estas medidas implicarían serían unas pérdidas para unas cuantas estrellas de la música o del cine (la mayoría extranjeras), que ya son bastante ricas y que, con toda probabilidad, no van a ofrecer mejores películas o canciones porque cobren rentas adicionales por productos que muchos ya consideran antíguos. De lo que podemos estar seguros, por el contrario, es que estas limitaciones no van a generar una mejor industria española del cine, de la música o de los libros; solamente harán, para los jóvenes de nuestro país, menos atractivo comprar y aprender a utilizar el ordenador así como navegar en la red. 

 No detener los cambios

 El segundo aspecto que queremos subrayar es que estas disposiciones son desacertadas y que, muy probablemente, van a resultar dañinas para el nuevo modelo de crecimiento económico. Pretender proteger a los autores de obras creativas mediante la desconexión de aquellos internautas que intercambien, por ejemplo, ficheros mediante el Emule, es una forma socialmente poco eficiente de protegerles; y, mas importante, no es para nada obvio que fomente la innovación artística y la producción de nuevas creaciones musicales o cinematográficas. La evolución del mercado de la música en nuestro país nos permite ilustrar estas ideas.  

 Hoy (2008 es el último dato disponible) los ingresos en este mercado son prácticamente los mismos que hace 4 años. Lo que ha cambiado es la composición. Mientras los ingresos por venta de música (física, los cds; o digital, por itunes por ejemplo) continúa descendiendo -aunque a menor ritmo-, los ingresos por música en vivo han aumentado. Como señalaba Steven Van Zandt, guitarrista de la E Street Band, hoy un disco se ha convertido para los artistas en un billete de avión para patearse la geografía dando conciertos. Este aspecto de la cuestión es fundamental: los cambios tecnológicos inducen siempre un cambio en la organización de la producción y distribución de los bienes y servicios en la industria afectada por el cambio tecnológico.  Estos cambios siempre han generado y siempre generarán ganadores y perdedores entre los insiders de la industria. De hecho, lo habitual es que lleguen normalmente nuevos ganadores y salgan algunos antiguos insiders que no saben adaptarse al cambio tecnológico. La tecnología digital, los ordenadores y el Internet son el cambio tecnológico en la industria del entretenimiento. La transformación que están generando es imparable: la cuestión fundamental no es si se puede parar para favorecer a los antiguos insiders, sino qué medidas favorecen más el desarrollo de la industria (también en nuestro país) y en todo caso cuáles aumentan el bienestar social.

 Los ganadores y los perdedores del cambio tecnológico en la industria del entretenimiento son ya muy visibles. Cualquier usuario puede acceder en la actualidad a un catálogo de música impensable sólo hace unos años, y en el que todos hubiéramos soñado cuando éramos (más) jóvenes. No se trata sólo de que se pueda descargar “ilegalmente” el último cd de Beyoncé; es que puede comprar (legalmente) por menos de lo que le cuesta un café la canción que más le gusta de ese cd o puede escuchar on line (sin posibilidad de descargar), prácticamente cualquier cd que pueda uno pensar. Se trata de una mejora sustancial del bienestar para el ciudadano, que no debemos minusvalorar: hoy, la tecnología permite que prácticamente cualquier habitante de este planeta tenga acceso a una de las creaciones más propias del ser humano.

 Pero hay otros que han perdido con los cambios. Los principales perjudicados han sido, sin duda, las discográficas y las tiendas de discos. Las tiendas “físicas” están en vías de extinción, pero las virtuales florecen: las ventas on-line han pasado en España  de 1,4 millones de euros en 2004 a 19,8 millones en 2008 (Ministerio de Industria, 2009). Y la discográficas se reinventan. Warner, una de las grandes,  tiene ya a la mitad de los artistas bajo el sistema de contrato 360º: es decir, contratos en los que la empresa discográfica obtiene ingresos de todas las actividades que realice artista (merchandise, derechos de imagen, tours, etcetera). No resulta absurdo pensar en un futuro en el que no haya grandes discográficas, al menos como las hemos conocido, como detentadoras de los “derechos de propiedad” de sus artistas y que nos encontremos un mundo poblado de decenas de miles creadores independientes.  Pero volvamos al asunto principal. 

 Otras formas de comercializar música están surgiendo: los pagos por acceso a grandes catálogos de música, como tiene por ejemplo Vodafone; o el acceso a esos grandes catálogos con anuncios o pagando por cuenta premium, como es el caso de Spotify o de la Radio Pandora. Estas nuevas vías, junto  a las bibliotecas digitales (de Amazon o de Itunes) y las actuaciones en vivo, demuestran que un mercado de la música sin “antidescargas” no solo puede ser rentable, sino que de hecho lo es; y que meter en un proceso judicial a los internautas que se dediquen a bajar música no va a resolver el problema. 

 Tal vez, todavía hay algunos lectores que a estas alturas del capítulo – y si no han pasado al siguiente – piensan que lo anterior es cierto (que lo es), pero que resulta inevitable perseguir a los que se descargan música para defender la creatividad; aunque impidamos el acceso a la gran mayoría mediante derechos de exclusiva, argumentan, lo hacemos por una buena causa, por asegurar que habrá música en el futuro. Si no protegemos a los grandes artistas, concluyen, nadie tendrá interés en salir a cantar. ¿Es cierta esta conclusion? Boldrin y Levine, por ejemplo, en los Proceedings de la National Academy of Science (2005) han investigado esta cuestión con bastante detalle, llegando a la conclusión de que simplemente, es falsa. Ellos, junto con otros muchos economistas, coinciden en destacar que no existe ninguna evidencia que ligue el incremento progresivo y la ampliación de los derechos de copyright con una subida, cuantitativa o hasta cualitativa, en la producción de música, libros y películas. 

 El argumento – menor protección de copyright = menor producción artística – sobre el que descansa la normativa en trámite de aprobarse, es sencillamente equivocado. Los 600 artistas que, de acuerdo con la SGAE, cobran el 75% de los derechos por reproducir su música (informe de la CNC, 2010), son precisamente los que no necesitan derechos de exclusiva: pueden, es más, deberían regalar su música, porque tienen otras muchas formas de ganar dinero. Y precisamente el hecho de hacer accesible su música a cualquiera alimenta su popularidad y les hace más atractivos en otras actividades. Eliminar los derechos de propiedad sobre los cds de Madonna, Beyoncé o Radiohead no es solo una forma de mejorar la vida de todos; es una forma de popularizar sus figuras, convertirlas en más estrellas y añadirles valor. Se gana no con la exclusiva, sino con lo contrario.

 Este argumento no es una fantasía de economistas teóricos. De hecho, se encuentra en el origen de la legislación de la propiedad intelectual, y del copyright en particular. El argumento es sencillo: cuando Alejandro Sanz y el último cantante de rumba escogen su futuro, el coste de oportunidad de dedicarse a la música no es muy distinto. Las grandes estrellas y los pocos conocidos no tienen alternativas laborales muy distintas fuera del mercado musical. Por tanto, si le redujéramos los beneficios un 10% a la superestrella X, seguiría haciendo lo que ahora hace ya que la alternativa fuera de la música (trabajar por ejemplo en la construcción como ocurría con ese celebre artista de OT) es sustancialmente peor. La sociedad no necesita sobre-proteger con unos derechos de exclusiva a los mega-artistas para que se dediquen a la música. Lo van a hacer con seguridad dada las posibles alternativas. A quien debe proteger el copyright es al último que ha llegado, a ese que si pierde el 90% de sus beneficios probablemente abandonará la profesión y se dedicará a limpiar mesas. En términos técnicos, el copyright debería estar diseñado para crear incentivos al artista marginal (los de menor éxito) no a los inframarginales (los de mayor éxito). Pero a los artistas marginales muy poca gente les pirateas, así que a estos también el copyright no le ayuda mucho.

 Este es el centro del argumento: la “pirateria” no hace daño al que acaba de llegar o al último cantante de rumba, porque no es negocio copiarle y distribuirle fuera de copyright. Una reducción de la sobreprotección del copyright no les afecta a estos miles de artistas; de hecho es lo contrario: un acceso sin persecución permite que sean conocidos y escuchados a bajo coste -que al menos es lo que quieren estos grupos- ganándose así unos pequeños segmentos de mercado y, posiblemente, una audiencia por conciertos en vivo y otras performances. Si para escuchar a un grupo algo desconocido tengo que pagar 18 euros, es bastante probable que no lo haga: si está accesible en la red, aumentan significativamente las posibilidades. El éxito de myspace, la web más visitada de nuestro país, es una buena muestra de esto.

 Además, desde el punto de vista del conjunto de la sociedad, la cuestión no es y no debe ser encontrar una legislación que permita a los productores de música, libros, o películas ganar más dinero posible. Al contrario, desde el punto de vista del bienestar social, la pregunta apropiada es: ¿qué regulación facilita que se genere la mayor cantidad de creaciones  artísticas que puedan ser disfrutadas por más personas (es decir, al menor precio posible)?  En otras palabras, la definición de los derechos de propiedad intelectual no deberían mirar únicamente a proteger los intereses de algunos productores sino que deberían buscar maximizar la producción y el consumo bajo la restricción que productores y consumidores hagan lo que hacen de manera libre y voluntaria. Es bastante evidente que la actual regulación del sistema de copyright, y la ulterior protección que los procedimientos contenidos en la LES implican, favorecerán las grandes casas discográficas y las grandes estrellas (los 600 artistas que mencionaba la SGAE) a costa de los usuarios y de los artistas menores.

 Conclusión

 Concluyendo, la disposición final primera de la Les, por fuerte que sean las presiones del sector, no es una buena idea. No lo es porque no va a aportar nada al cambio de modelo y probablemente lo haga más dificil, haciendo menos atractiva el uso de una herramienta que sí es esencial en este cambio de paradigma; y porque además es equivocada e inútil. Equivocada porque es una ineficaz forma de defender a los artistas e inútil porque cuando se lleve al juez al primer internauta, lo más probable es que mucha gente habrá encontrado otras fórmulas de escuchar música. Sería preferible, por el contrario,  que se aprovechara ese texto legal para incorporar las recomendaciones que ha realizado hace pocas semanas la Comisión Nacional de Competencia acerca de nuestra ley de propiedad intelectual y que ponen en cuestión el grado de competencia de algunas de los elementos de este sector. 

 Referencias

 Boldrin, M y Levine, D (2005): The Economics of Ideas and Intellectual Property. Proceedings of the National Academy of Sciences, 102 (2005), 1252-1256.

 Universal Mccann International Social Media Research Wave 3, (2009) en http://www.slideshare.net/mickstravellin/universal-mccann-international-social-media-research-wave-3

 Fundación BBVA (2008). II Estudio sobre Internet en España. Disponible en http://www.fbbva.es/TLFU/tlfu/esp/investigacion/fichainves/index.jsp?codigo=315

 Comisión Nacional de Competencia (2010):  Informe sobre la Gestión Colectiva de Derechos de Propiedad Intelectual. Disponible en http://www.cncompetencia.es/Inicio/Promocion/Informes/tabid/166/Default.aspx

 Informe Anual 2009 de la Industria de los Contenidos Digitales en España,  Ministerio de Industria, Turismo y Comercio.

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Gonzalo Martín 25/03/2010 en 12:48

Pepe, iré con brevedad, es mucho comentario, pero lo ampliamos cuando quieras con unas cervezas:

- Ningún productor de cine español sensato produce sin tener derechos de televisión. Sin más. Porque no se pueden descontar los contratos para financiar la película. Su valor, se reduce, es cierto, pero eso no quiere decir que no se financien sin ellas. Sobre los 200 mil… pues depende de cada película. Te aseguro que la de Trueba de este año que ha comprado RTVE son más de 200 mil. Y varias más. ¿Datos públicos? Quiero verlos, porque lo que se ha publicado son un muestreo de las compras, no todas.

- Ningún productor de cine español produce a riesgo si sabe lo que hace. Los presupuestos están hinchados con juegos oscuros para poder optar a las subvenciones máximas y hay extraños arreglos de taquilla si no salen las cuentas. Es decir, un productor promedio español no tiene riesgo si hace la película de acuerdo al sistema. Las descargas no le suponen nada, supuesto que realmente se descarguen – y realmente se vean- los títulos que tanto dicen que pierden. Lo que la gente no sé si sabe es que el modelo de negocio de un productor español consiste en garantizarse su – elevado – sueldo de productor ejecutivo y, si puede, cobrar por el guión y ser director. Es decir, no hay ruina que valga dentro de un sector que, de por sí, no es un un buen sector para invertir. Antes de seriesyonquis y ahora.

- las televisiones bajan precios ¿yyyy? También otros sectores. Se llama mercado. Hemos pasado de seis canales a más de cuarenta. La misma población, menos publicidad. Pero, en nuestra cuestión, de nuevo el productor tiene la producción financiada aunque l bajen el margen: el riesgo de descarga es de la tele. Y no se puede decir que ese sea el problema de Aguila Roja o Dr Mateo. Es decir, nuestro productor arruinado no se dedica al negocio correcto. ¿Que se concentran? Bueno, y los bancos.

- las ventas internacionales bajan. Sí ¿Y qué? Sigue siendo el modelo de negocio de las producciones internacionales. ¿Está antiguo¿ Que cambie. No veo donde está el problema. Antes había unos pocos estudios de postproduccion ahora hay muchos. Bajan los precios. Claro. Hay poco margen en la postproducción. Vale, no lo hagas si no te gusta. Pero la realidad es que la preventa sigue siendo el modelo generalizado. Los productores que lo saben hacer, no arriesgan su patrimonio. Ganan dinero en la gestión, no por el equity. Quien gana generalmente son los distribuidores, que son los que pagan los MG’s. Que pagan menos? Qué se le va a hacer. Se harán menos o más baratas. Como en todos los sectores.

- Me pones la reducción de la publidad como excusa para qué? Es mercado No tiene que ver para nada con que nuestro comentarista se “arruine” por las descargas. Todavía no ha dicho qué fantásticos títulos le han arruinado (por cierto, cambiosocial, esos datos los publica Infoadex son públicos).

- El escándalo de la LES es el método de los lobbies de imponer leyes al poder político. Resulta que las sentencias, con su ley, escrita por ellos, no salen, así que me quito al juez de enmedio, pues no va a entrar en el tema de fondo, sino a ratificar lo que ha decidido u organo de una indepedencia y legitimidad sin duda fuera de toda sospecha.

- Si el futuro son producciones de 10 mil o de 100 millones lo dice el mercado. Así de simple. Más bien parece que el futuro está en los extremos, en las carísimas y en las baratísimas. Lo intermedio, mal. Nada tiene que ver con la ruina de nuestro amigo.

- Television en abierto obsoleta: pues según como se mire. No hay nada mejor para ver la formula1. Toda la argumentacion que realizas sobre los criterios estéticos y la contraprogamación no te los compro, mucho menos en nuestro caso, el del productor arruinado por sus descargas. Insisto en que no ha dado un título para que podamos analizar. La televisión en abierto va a evolucionar con el desarrollo de los televisores concectados a internet para desarrollar interactividad y consumo ondemand. Los grandes conseguiran reunir buenas ofertas de contenidos y adaptarlas a esos entornos de consumo. Es obsoleto querer vivir con el 1% de audiencia basado en publicidad por GRP’s. Puede no serlo en un modelo de televenta o de juegos participativos (no te digo call tv por lo que tiene de cuasiestafa, hay más fórmulas). Pero es más obsoleto no empezar a aver el video como ubicuo y no ver el video como video por televisión, video por cable, video por el movil, etc. El video es una revolución por acceso y por la voladura de las barreras de entrada.

¿En ese escenario tu dices que el modelo es de pago? Se verá. Se verá que la gente combinará muchas fórmulas para un único producto. Se verá qué cosas y en qué momento el mercado las acepta y cuales no. Toda la música de itunes se puede descargar libremente, pero hay gente que la paga. Pero el grueso de lo que lleva en su memoria, no lo ha pagado. Y va a ver conciertos. En audiovisual, el modelo serán franquicias de contenido en algo muy parecido al brand management de Procter&Gamble con muchas fuentes de ingresos. Hay ya y habrá más conexiones entre mundo físico y mundo virtual, más merchandising y más donaciones en la produccion independiente.

¿EL productor tiene derecho a reclamar por el disfrute? Supongamos que sí, ¿puede? ¿Es moralmente legítimo que se les pague varias veces por lo mismo de forma impuesta por las leyes? Todo esto atañe a problemas que tienen que ver con el concepto de “propiedad” intelectual. Y es muy debatible.

En fin, me dejo muchas cosas, pero esto se hace largo. Cuando quieras debatimos con unas cañas que quedará más claro.

Gonzalo Martín 25/03/2010 en 13:00

Me dejaba lo de Planet.

Han publicado una nota de prens que lo que viene a decir es que han recuperado. Yo lo que argumentaba es que en EEUU no iban a ganar dinero y que les ha podido costar. Las cuentas son: 50% exhibidor, menos fee de distribución (del 15 al 25%, según lo que negocies), menos P&A (seguro que no menos de 20 millones de dólares), menos el coste de financiacion del P&A (al 25%, es financiacion de riesgo). Como verás, lo que ha tenido que volver a casa… no ha sido como para echar cohetes. Si ha llegado. Resto del mundo? Preventas (vaya por dios). Si con eso han cubierto, pues excelente. Pero una cosas es cubrir y salvar el cuello y otra ganar.

cambiosocialya 25/03/2010 en 13:28

Ahora sí, Gonzalo…ahora si me queda claro lo que quieres decir, y sí estoy fundamentalmente de acuerdo con lo que dices.

Pero mi pregunta se proyecta al futuro…¿tiene futuro el modelo del nuevo paradigma? Eso es lo que no me queda tan claro, y de ahí mi duda, y de ahí que lo interesante es que alguien acertara con el modelo a seguir.

Para constatar lo que está pasando, ya lo estamos constatando todos.

cambiosocialya 25/03/2010 en 14:00

Ah y por cierto…respecto a lo de Planet 51…
Según la información que yo tengo es que los beneficios lleguen a unos 5 millones de euros…Supongo que no está mal, para ser la primera iniciativa que se arriesga a hacer algo como esto en España…Competir con Pixar no lo veo fácil, y ellos se han comportado cuanto menos con dignidad. Ya están preparando su primer largo, supongo que esa es la dirección que querían tomar.

Y por cierto…no me olvido de que nadie ha respondido a mis preguntas con datos todavía :)

Pepe Alonso 25/03/2010 en 17:27

Gonzalo, gracias por la invitación a las cañas. Te tomo la palabra. ;-)

Sigo sin estar de acuerdo con gran parte de lo que argumentas. Básicamente, porque al igual que el artículo que ha dado pie a esta conversación se basa en predicciones más o menos aventuradas que la realidad no parece soportar.

Por no seguir estirando la conversación hasta el final de los tiempos, resumiré lo que para mí son las claves de todo este asunto:

* Los empresarios y trabajadores del entretenimiento por supuesto que están en su legítimo derecho de cobrar un precio razonable por su inversión y/o su trabajo. Al igual que el espectador está en su legítimo derecho de no consumir esos productos y favorecer con sus pautas de consumo otro tipo de modelos basados en el copyleft o la gratuidad total.

* Lo que no me parece de recibo es lanzar una serie de predicciones que supuestamente sólo se pueden cumplir si una parte de los competidores ven mermados sus derechos legítimos. Los que creéis en modelos alternativos al existente me parece estupendo y muy saludable que apostéis por él. Lo que no vale es dar patente de corso a una serie de modelos que se basan en la copia y distribución no autorizadas de obras cuyos legítimos propietarios no quieren ceder gratuitamente al consumidor.

* Como tú bien dices, dejemos que el mercado decida. Con LES o sin LES, si los modelos de pago no funcionan y no tienen suficientes clientes, acabarán desapareciendo más pronto que tarde. No sé por qué hay tanto miedo a dejar que los diferentes modelos compitan entre sí y dejar que el consumidor decida.

Por cierto, ya he dicho por activa y por pasiva que a mí el problema del productor que posteó en este hilo y de la industria cinematográfica española en general no me parecen significativos en esta discusión, tanto por lo atípico de sus mecanismos de financiación como por la ínfima cuota de mercado (y de subvenciones) que suponen.

Un saludo.

cambiosocialya 25/03/2010 en 19:05

Pues con esto último estoy si cabe más de acuerdo todavía.

cambiosocialya 26/03/2010 en 08:43

En fin…veo que desafortunadamente el debate se salda como casi siempre: ideas no sustentadas en nada, y sin aportar datos por parte de los defensores del “nuevo modelo”.

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