A continuación reproduzco la versión en español de una carta abierta a los inversores internacionales que he incluido como preámbulo en un artículo titulado “The Spanish Crisis: Background and Policy Challenges”, que acaba de aparecer como documento de trabajo (DP7909) del Centre for Economic Policy Research (CEPR).
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Junio de 2010
Estimados inversores internacionales,
Les dirijo esta carta abierta con motivo de su reciente preocupación por el estado y futuro de la economía española. Les escribo como economista académico que ha tenido la suerte de participar en muchas discusiones entre académicos, responsables políticos y agentes privados sobre estos temas durante los últimos años.
Permítanme resumir el contenido que mi artículo “The Spanish Crisis: Background and Policy Challenges” desarrolla con mayor detalle:
Final de un ciclo de crecimiento
La crisis financiera internacional iniciada en el verano de 2007 marcó para España el final abrupto de un largo ciclo de alto crecimiento económico que había comenzado hacia 1996. Este ciclo de crecimiento estuvo acompañado por un auge de la construcción y los precios de los activos inmobiliarios. La fuerte demanda nacional contribuyó a producir un aumento sistemático y gradual del déficit por cuenta corriente que tuvo como contrapartida inevitable el aumento del “endeudamiento externo” de nuestra economía.
Este endeudamiento fue protagonizado fundamentalmente por el sector privado: los bancos canalizaron fondos de los ahorradores extranjeros hacia las empresas y los hogares españoles. Para interpretar el proceso, sin embargo, es indispensable tener en cuenta que muchas empresas españolas captaron financiación externa para convertirse en grupos empresariales grandes, competitivos e internacionalmente diversificados. La mayoría de nuestros bancos y sociedades no financieras mantuvieron un nivel de capitalización razonable durante el proceso de expansión.
Desequilibrios no corregidos
En 2004 España se había convertido en una economía mucho más desarrollada. Pero sufría también una larvada acumulación de desequilibrios: exceso de especialización en construcción, productividad débil, deterioro en los indicadores de competitividad, una alta tasa de temporalidad en el mercado de trabajo y, sobre todo, un crecimiento insostenible de los precios reales de la vivienda que alimentaba la esperanza de muchos españoles de poder hacerse ricos de manera fácil.
Los economistas habían identificado las partes menos saludables de este proceso desde hacía años. Pero las autoridades no adoptaron medidas correctoras suficientes. Pese a los sucesivos intentos de reforma del mercado laboral, por ejemplo, no se tocaron, en lo fundamental, los derechos adquiridos de los trabajadores permanentes ni las prerrogativas de los sindicatos.
Durante la mayor parte del ciclo expansivo, la política monetaria no estuvo bajo nuestro control. Las llamadas provisiones dinámicas del Banco de España constituyeron un intento, más bien fallido, de poner coto al crecimiento del crédito, aunque al menos proporcionaron a la banca española un colchón de recursos propios adicionales con los que amortiguar las pérdidas incurridas durante la crisis actual.
En teoría, habiendo relegado el control de la política monetaria al Banco Central Europeo (y con tipos de interés negativos durante parte del periodo), el control de los excesos tendría que haber recaído en la política fiscal. Sin embargo, nuestros indicadores de disciplina fiscal dibujaban un panorama nada preocupante durante los años de expansión, permitiendo que nuestras administraciones públicas, en sus diferentes niveles territoriales, se embarcaran en políticas de gasto cada vez más generosas.
Problemas actuales de la banca
Obviamente, la acumulación de deuda por parte del sector privado ha dejado a nuestros bancos expuestos a importantes pérdidas, sobre todo en relación con el sector inmobiliario. Sin embargo, sería inadecuado extrapolar a España las tasas de pérdidas experimentadas en Estados Unidos durante la crisis de las hipotecas de alto riesgo. Aquí los criterios para la concesión de préstamos fueron en general más rigurosos, los préstamos permanecieron en el balance de los bancos y todos los riesgos fueron respaldados por colchones significativos de capital y provisiones.
Las pérdidas generadas por los activos de la banca española se hallan distribuidas de manera heterogénea entre las diferentes partidas de activo y entre entidades. Los dos grandes bancos españoles, BBVA y Santander, están mejor protegidos contra las pérdidas asociadas a sus activos nacionales gracias a su diversificación internacional. Los resultados de las pruebas de resistencia (o “stress test”) sugieren que la inmensa mayoría de nuestras entidades de crédito disponen de suficiente capital para absorber sus pérdidas potenciales durante un horizonte de al menos dos años. Pero retomar la creación de empleo en ese intervalo de tiempo es fundamental para poder descartar que el deterioro de la solvencia se prolongue más allá de lo soportable.
Entretanto, la viabilidad a largo plazo de algunas entidades puede requerir que se fusionen con otras mejor capitalizadas o más eficientes, o que recurran a alguna otra fórmula de recapitalización. También sería conveniente que el conjunto del sistema fuera desprendiéndose gradualmente de los activos inmobiliarios hasta ahora acumulados por razón de daciones y ejecuciones relacionadas con crédito hipotecario y a promotores. Esto aceleraría el ajuste de los sectores bancario e inmobiliario a la nueva realidad de la economía española.
En mi opinión, el desafío clave para los bancos en lo que a su capital respecta no es tanto mantener la solvencia como disponer de recursos propios suficientes como para financiar, a través de nuevos préstamos, la recuperación de la economía española. Pero el problema más apremiante a corto plazo es ciertamente la liquidez. Dada la posición de endeudamiento neto acumulada por el conjunto de los sectores residentes, el acceso continuo de nuestros bancos a la financiación de los mercados mayoristas o, en su defecto, a la liquidez proporcionada por el Banco Central Europeo seguirá siendo fundamental durante varios años.
El trauma de la crisis y sus consecuencias
La crisis ha frustrado las expectativas “extrapolativas” de muchos españoles que daban por hecho que disfrutaríamos una tasa de crecimiento diferencial con respecto a la media de la Unión Europea, contemplaban felices el desarrollo de nuestro estado del bienestar y se sentían satisfechos y seguros en el statu quo. Hasta ahora, el ajuste se canalizado más vía cantidades que vía precios, muchos agentes siguen sufriendo problemas de sobreendeudamiento y el funcionamiento de los mecanismos del estado de bienestar (y, en especial, las prestaciones por desempleo) están dando lugar a una masiva redistribución de recursos con peligrosas implicaciones para la evolución presente y futura de nuestras finanzas públicas.
La crisis ha reactivado el debate sobre las reformas estructurales, percibidas cada vez más como la clave para mejorar nuestro potencial de crecimiento y conjurar la posibilidad de sufrir una “década perdida” a la japonesa. Las reformas propuestas tocan muchos aspectos de la economía: el mercado de trabajo, el sistema educativo, el sistema de pensiones, el sector público, el mercado de la vivienda y el sector bancario. A mi juicio, España puede necesitar, además de las reformas, el tipo de proceso de recorte de salarios y precios que se conoce como “devaluación interna”.
La gravedad de la crisis ha dejado a la población española y a algunos de nuestros líderes en estado de “shock”. Tras una primera etapa de la incredulidad, la situación comienza a asimilarse y el siguiente paso es esforzarse en superar las dificultades. Esto requerirá liderazgo político y buen asesoramiento técnico.
Existen indicios significativos de asimilación de la nueva situación. La tasa de ahorro de las familias españolas se pasado de ser algo menos del 11% de la renta disponible en 2007 a algo más del 18% en 2009. El gobierno español, que empezó atribuyendo un carácter importado y temporal a la crisis, ha cambiado gradualmente su diagnóstico. Ahora, se reconoce la gravedad de la situación y la respuesta de política económica parece estar siendo seriamente corregida.
¿Catástrofe u oportunidad?
La mayoría de ustedes, mis queridos inversores internacionales, también han despertado. Sin embargo, los fantasmas de lo que ha ocurrido en otros lugares y épocas históricas les están provocando, posiblemente, una reacción exagerada. La mayor amenaza a la estabilidad europea en el corto plazo no viene de los problemas fundamentales de España, sino de la posibilidad de sucumbir colectivamente a profecías catastrofistas con potencial de auto-cumplimiento.
Los líderes europeos parecen comprometidos en el corto plazo con la continuidad de la Unión Monetaria Europea. La receta de política económica a la que se acogen incluye, sobre el papel, un recorte acelerado de los déficit públicos, mantener el apoyo del Banco Central Europeo a la necesidades de refinanciación de los bancos europeos y llevar a cabo, si fuera necesario, intervenciones directas en apoyo de las deudas públicas sujetas a espirales bajistas.
Dada la resistencia tradicional de los grupos de interés y de nuestros políticos a adoptar reformas estructurales, me inclino por contemplar las turbulencias financieras recientes (y los acontecimientos políticos resultantes de ellas) como una oportunidad para que España acelere el paso en la dirección correcta. Afortunadamente, la lista de las reformas estructurales pendientes está bien definida.
Los ajustes necesarios son grandes y no exentos de costes a corto plazo. Sin embargo, seguir siendo considerados un miembro respetable del grupo de países fiables de la Unión Europea conlleva un gran valor para la mayoría de los españoles. Si se les pide con claridad, los españoles estarán dispuestos a aceptar los sacrificios necesarios a corto plazo.
Desideratum
Si el esfuerzo, el espíritu empresarial, la profesionalidad, la competencia y el cumplimiento del deber pasan a verse mejor recompensados y varios aspectos clave de nuestra economía y estado del bienestar se rediseñan para lograr un mejor equilibrio entre la protección social y los incentivos individuales, entre la generosidad y la “sostenibilidad”, el futuro de España será brillante.
Espero que los españoles y sus dirigentes políticos sean capaces de tomar las decisiones adecuadas y que ustedes mantengan su confianza en el futuro de nuestra economía. Gracias de antemano por su apoyo.
Atentamente,
Javier Suárez
Profesor de Economía Financiera y Bancaria en el CEMFI, Madrid
Investigador del CEPR, Londres
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Estimado Javier, me gustaría hacer dos comentarios (vaya por delante que no he leído el documento original en detalle):
1.- SELF FULFILLING PROPHECY: Varias veces en tu carta, implícita y explícitamente, mencionas la necesidad de reformas estructurales y de liderazgo político para llevarlas a cabo.. En definitiva, se trata de que NOSOTROS hagamos cambios necesarios, antes de que los inversores internacionales recuperen la confianza. Por lo tanto, en mi opinión, no se trata de hacer ver a los inversores que ellos mismo pueden provocar una situación peor, sino de acometer esos cambios y, después de acometerlos, mostrar una evidencia que cambie la percepción negativa.
2.- SISTEMA FINANCIERO. Mencionas los resultados de stress tests, que probablemente conozcas dada tu posición, en mi caso no puedo tener una opinión todavía. Sin embargo, como bien dices las pérdidas están distribuidas de manera heterogénea en el activo (están concentradas en activos con garantía inmobiliaria) e instituciones (la exposición es muy distinta entre ellas). Por lo tanto, mencionar al Santander y al BBVA como “representativos” del sistema financiero español no parece adecuado, como bien saben los inversores. El problema, evidente para todos, es que existen unas pérdidas latentes muy importantes, que muchos analistas valoran entre 100 y 200 mil millones de Euros y muchas instituciones no van a poder afrontarlas. No está claro dónde están, ni quién ni cómo se van a asumir.
En fin, me cuesta reconciliar estos dos comentarios, al fin y al cabo no son nada nuevo, con el mensaje de tu carta. En mi opinión, el incremento de prima de riesgo sobre el reino de España y sobre el sistema financiero…. está justificada. Ya me gustaría que no lo estuviera.
En fin, suerte—–
Podremos llegar a coleccionar 50 resúmenes magníficos de lo ocurrido y seguir creyéndonos la mitad de los datos recientes que se nos ofrecen con la consiguiente reapreciación del último resumen en 30 días. ¿No seria mejor creer menos y proyectar más con datos fiables?
Se dice que los “stress test” realizados por el BE sugieren que la inmensa mayoría de nuestras entidades de crédito disponen de suficiente capital para absorber sus pérdidas potenciales durante un horizonte de al menos dos años.
¿Se han publicado esos test? ¿Son públicos los datos de la inversión crediticia del sistema financiero en el sector inmobiliario, desagregada en crédito promotor, crédito subrogado e inmovilizado aceptado en pago, y la correspondiente provisión efectuada y la ya previsible por conocida?
¿Alguien tiene ese dato imprescindible para comprobar que las perdidas potenciales se pueden saldar en dos años?
¿A nadie le entra un temblor mayúsculo al pensar que nuestro sistema financiero puede, en el “peor” de los casos, reducir sus fondos propios en una cuantía igual a su capital, en solo dos años?
Si esto es así, ¿cómo no hay manifestaciones de banqueros pidiendo capitalizaciones inmediatas, por el sistema que sea, experimentado o nuevo, y que les permita desarrollar su actividad una vez reconocidas sus perdidas y cubiertas también por el sistema que sea? ¿Están idos, o qué?
¿O es que la situación es tan crítica que ya está prevista la nacionalización parcial y temporal de nuestro sistema financiero?
Y si no tenemos los datos reales y por grupos de riesgo, ¿cómo podemos poner fechas?
Javier, acabo de leerme todo el documento. Y siento coincidir con JSM y LARA: si el sistema financiero de un país, con unos recursos propios estimados de unos 200.000 millones de euros, tiene prestados 318.000 millones al sector de la promoción inmobiliaria (un sector en presente crisis y en futuro declive) y lo único que manifiesta el banco central es que su tasa de mora es del 10% y que no hay problema porque las pruebas de tensión demuestran la solvencia a dos años del sector, pues yo no me quedo muy tranquilo. Esa falta de transparencia lo único que suscita es pesimismo.
Gracias Javier, muy buena carta abierta.
Mencionas una devaluación interna, además de las reformas estructurales, ¿como la harías? En relación a eso, ¿podría ser positivo tener unas cotizaciones sociales variables según el ciclo económico para conseguir ajustar los costes salariales independientemente de los salarios? Lo digo por la necesidad de ajustar vía precios en vez de cantidades y por la posible rigidez natural de los salarios, por lo que me gustaría saber si hay alguna experiencia que muestre que pueda ser un éxito o un fracaso.
Las entidades españolas han pedido unos 10.000 millones de Euros al FROB. Aproximadamente, el 1% del PIB. Es decir, al final, nuestra crisis financiera se solucionaba con una simple aportación del 1% del PIB.
No me extraña que a los “inversores internacionales” les entre la risa floja. A mí, como solo soy un ciudadano de a pie, me entra congoja.
Buenas,
Primero señalar que soy uno de estos curritos que ven con horror hablar tan friamente de lo “caro” que son los salarios y que es una de las fuentes de donde se va a sacar para salir de la crisis.
Me parece muy, muy interesante este blog y las soluciones que nos harán salir de la crisis pero no entiendo porque el sector público (osea mi pequeñisimo bolsillo) ha de pagar los inmensos beneficios del mercado en el pasado, en forma de enormes perdidas hoy.
Sigo sin entender porqué no se pueden dejar caer las entidades en quiebra o sin posibilidad de remontar. Y utilizar los miles de millones que se van a inyectar para mantenerlas vivas, en cubrir los daños realizados a los clientes (es decir mi pequeñisimo bolsillo con sus infímos ahorros).
No llego a entender porqué todo esto no ha venido precedido con el inmediato despido de todas las cúpula de dirección de las entidades financieras (y sus nada despreciables sueldos) . Seguro que las nuevas direcciones no se atreverian a jugar con el pan de las naciones para mantener sus asientos. (¿porqué no se obliga por ley de una vez que tengan que ser transparentes con nuestro dinero?) ¿Acaso toda esta crisis no está, básicamente, basada en la opacidad y las mentiras de las grandes?
Por último, y esto me resulta aún más curioso, en las medidas recomendadas no se menciona explicitamente, como los sueldos de los asalariados, la lucha contra la economía sumergida. Como si al no ser mensurable no existiera y pudiera ser eliminada de las ecuaciones.
Es muy interesante y enriquecedor este blog. Me ayuda mucho a entender muchas cosas “como són”. Pero me entristece la profunda lejanía de las cabezas pensantes y en muchos casos consejeras, de la realidad social en la que se traducen la búsqueda de la complaciencia del inversor.
Querido Javier;
Muchas gracias por tu carta, me ha resultado interesante, a pesar de que últimamente recibo numerosas misivas desde Italia, Portugal y otros países, he dedicado algún tiempo a leer la carta y a mirar brevemente el documento extenso que publicas en el CEPR.
Me gustaría recabar su opinión sobre dos aspectos aparentemente sencillos:
1.- la “posibilidad de sucumbir colectivamente a profecías catastrofistas con potencial de auto-cumplimiento.”
2.- la esperanza de “sean capaces de tomar las decisiones adecuadas” que les permitan retomar tasas de crecimiento que hagan sostenible su endeudamiento.
En los mercados estas probabilidades no son nulas y sobre todo muestran una elevada dispersión. Mientras aclaro mis dudas iré leyendo las cartas que recibo desde Alemania, Brasil y otros muchos países que también reclaman mi confianza.
Atentamente
Un inversor internacional
Xd, que tono tan compungido. Yo pienso que la economia española es atractiva a margen de toda esa serie de jeremiadas. O de verdad no me explico que esperan todos los inversores internacionales a irse de todo pais desarrollado a Senegal y demas.
JSM, muchas gracias por el comentario. Te respondo escuetamente a alguno de tus puntos.
1. Difícil equilibrio entre lo que España tiene que hacer y el mantenimiento de la confianza de los inversores. Es el quid de por qué la situación actual es tan delicada. Si los “fundamentos” de nuestra economía fueran muy sólidos, no habría nada que temer. Si fueran muy débiles, el colapso llegaría con independencia de lo que hiciéramos. En el caso intermedio, que es donde creo que estamos, el resultado depende tanto de lo que la política económica contribuya a mejorar el futuro de nuestra economía como de que las expectativas de los inversores al respecto sean compatibles con satisfacer nuestras necesidades de financiación.
2. BBVA y Santander. No creo haberlos calificado de “representativos”. Los menciono precisamente como ejemplo de la heterogeneidad existente dentro del sistema bancario y también porque constituyen una parte “significativa” del mismo. Y creo que es objetivamente tranquilizador que su solvencia no esté en entredicho.
LARA, muchas gracias por el comentario. Te respondo escuetamente a alguno de tus puntos.
1. Pruebas de resistencia y datos necesarios para el ejercicio de proyección. Soy partidario de la publicación de las pruebas de resistencia de todas las entidades del sistema y de la distribución pública de los datos y metodologías utilizados en el ejercicio de proyección. Hasta ahora una parte de las datos necesarios para hacer estos ejercicios era pública y otra no. Los datos concretos que mencionas pueden obtenerse para el agregado de las “entidades de crédito” o de las “otras instituciones financieras monetarias” (nombre estadístico de los sectores que incluyen a los bancos y cajas conforme a ligeras diferencias metodológicas) en los capítulos cuatro y ocho del Boletín Estadístico del Banco de España. Los datos públicos entidad por entidad hay que recopilarlos a partir de las cuentas de cada una de ellas, pero es algo de lo que disponen la mayoría de las consultoras especializadas. Estaría bien que el Banco de España facilitara el acceso a una base de datos centralizada con todos los datos no confidenciales de cada entidad, como sucede con los Call Reports en Estados Unidos.
2. Pruebas de resistencia y confianza. Espero que la publicación de las pruebas de resistencia (aparentemente antes de que acabe este mes) ayude a dar solidez a las afirmaciones oficiales respecto a la solvencia de nuestros bancos. En todo caso aclarará a qué supuestos o elementos concretos de los ejercicios de proyección subyacentes se deben las discrepancias entre unos analistas y otros. Por otro lado, que el resultado sea razonablemente positivo sólo “compra” tiempo. Si el escenario negativo se mantiene durante mucho más tiempo, no hay sistema financiero que resista.
Anonimar, muchas gracias por el comentario. Te respondo escuetamente al que creo que es su punto principal:
Dudas sobre la solvencia del sistema financiero. Según los datos de tu comentario, para que los 318.000 millones de exposición que mencionas se “comieran” los 200.000 millones de recursos propios habría falta una tasa de pérdidas (no condicional en fallido sino incondicional) de más del 60% sobre dicha exposición. Como tasa de pérdidas incondicional, me parece muy poco verosímil. Además, la mayoría de nuestros bancos y cajas obtienen beneficios de otras dimensiones de su actividad que también pueden servirles para compensar las pérdidas potenciales de los activos dudosos.
Carlos Jerez, muchas gracias por el comentario. Te respondo escuetamente al punto principal:
Devaluación interna. Te remito a la propuesta de Blanchard (2007) al respecto. Él habla de bajada coordinada de los salarios nominales. Algo de esto se ha dado en Irlanda. Seguramente los recortes salariales en el sector público coadyuven a la moderación (o incluso al recorte) de salarios en otros sectores. Una buena reforma laboral también daría flexibilidad para que los recortes (o la moderación) salariales pudieran pactarse empresa por empresa, como consta que ha sucedido en Alemania y otras economías más flexibles que la nuestra durante esta crisis. Tu propuesta de ajuste vía rebaja de cotizaciones me parece razonable pero, sobre todo en la coyuntura actual, requeriría el aumento simultaneo de alguna otra figura impositiva, para no dañar más el déficit público. No soy experto en esto, pero algunos proponen un aumento compensatorio del IVA.
Acquaviva, muchas gracias por el comentario. Te respondo escuetamente al punto principal:
Escepticismo derivado del tamaño aparente de las pérdidas reconocidas. Mencionas que 10.000 millones son aproximadamente el 1% del PIB. Las provisiones que los bancos tenían acumuladas antes de la crisis (y que han ido consumiendo a lo largo de ella) suponen alrededor de otro 3%. Los beneficios de los tres años o más de crisis que sirven para compensar las pérdidas que se van reconociendo pueden significar otros puntos más de PIB. Es decir, no estoy seguro de que sea aplicable el argumento de que estas pérdidas “parecen demasiado pequeñas para ser verdad”.
Juan Quijano, muchas gracias por el comentario. Te respondo escuetamente a alguno de los puntos.
1. Culpables y victimas de la crisis. Comparto la sensación de injusticia que dejan las crisis financieras derivadas de excesos en los tiempos buenos. Esas externalidades que originan las crisis financieras son parte de la justificación tradicional de la regulación y supervisión del sistema financiero. Lamentablemente hay aspectos de ambas (y de la dimensión ahora llamada “macroprudencial” de las políticas macroeconómicas) que no funcionaron bien. He escrito y hablado mucho sobre estos temas en otras ocasiones. Te invito a mirar artículos y presentaciones que tengo disponibles en mi página web.
2. Cese de gestores bancarios. En un artículo escrito en 1994 me inclinaba por aplicar reglas de cierre o cese estrictas en el ámbito bancario como castigo destinado a evitar la adopción de riesgos excesivos en banca. En crisis de origen sistémico hay al menos dos matices relevantes con respecto a la aplicación estricta de esa regla: (1) cesar a demasiados gestores bancarios a la vez (e intentar reemplazarlos por otros gestores que estén al tanto del negocio) podría no ser factible o sumir al sector bancario en un caos mayor, y (2) al derivarse parte de los problemas del pánico y el contagio se estaría haciendo pagar a “justos por pecadores” en un sentido no necesariamente bueno desde la perspectiva de los incentivos ex ante. En un artículo con Enrico Perotti, publicado en 2002, demostrabamos que premiar a los bancos supervivientes de una crisis (por ejemplo, dejándoles hacerse con el negocio de los bancos menos solventes) podía ayudar a controlar la tentación de los banqueros a adoptar riesgos excesivos.
3. Lucha contra la economía sumergida. Lamento no haberla mencionado pues me parece muy importante. La fuerte caida de recaudación en ciertas figuras impositivas durante la crisis sugiere un comportamiento cíclico digno de mayor estudio, pero no soy experto en el tema.
Querido Juan:
Su mensaje incide, acertadamente, en el rompecabezas que he comentado en el primer punto de mi respuesta a JSM. A ella me remito.
Muchas gracias.
Carlos, gracias por el comentario. Espero que los inversores internacionales empiecen pronto a coincidir con tu diagnóstico. Creo que el fantasma del desastre se alejará cuando la verdadera dinámica de los desequilibrios de fondo que nos aquejan entre en una fase de clara corrección. Pero ello exige perseverar en reformas profundas y políticamente costosas. Entretanto, toca estar algo compungidos.
Javier, bien es cierto que un fallido de 200.000 millones de euros sobre una exposición de 318.000 millones representaría una pérdida incondicional muy muy grande. De hecho, la tasa de morosidad en crédito promotor de Caja Castilla-La Mancha se sitúa, según cifras oficiales, en el 33%. Pero es que, por economía expositiva, simplemente me limité al sector de la promoción inmobiliaria. El caso es que, además, hay 150.000 millones adicionales de crédito a empresas constructoras y 675.000 millones de crédito hipotecario a familias para compra de vivienda. Teniendo esto en cuenta, la tasa de pérdida incondicional necesaria para tragarse los recursos propios del sistema ya no parece tan inverosímil.
1-Veremos como acaba el caso de las cuentas de Suiza. Ahora todo son rumores.
2- Bancos debe de equilibrar su forma de negocio, pasar a ser menos especulativa y mas banca industrial en vez de asumir riesgos en productos finacieros como los derivados asumir riesgos en la creacion de empresas y de empleo.
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